Las decisiones de una rama | Platanus x hispanica

Desde chico iba por la calle levantando ramitas del piso. Las miraba, jugaba un rato con ellas o las rompía mientras caminaba. Cosa que, al día de hoy, sigo haciendo cada vez que salgo a caminar. Perdón, mamá. Ya sé que seguramente están todas meadas por perros, como me decías vos. Pero cuando llego a casa prometo que me lavo las manos.

Pero desde hace unas semanas tomé conciencia y empecé a mirar un poco más lo que iba agarrando.

Por donde vivo está lleno de plátanos. Son esos árboles enormes que en primavera largan unas bolitas con una especie de pelusa que todos los alérgicos odian.

Y por primera vez empecé realmente a analizar sus ramitas: cómo se interconectan, los nudos que tienen, las direcciones que van tomando al crecer. Son algo absurdamente abundante. El suelo se llena cada vez que caen y nosotros simplemente las barremos.

Pero empecé a seleccionar algunas que me parecían especialmente interesantes.

Y ahí descubrí que esos nudos que tanto me llamaban la atención no son simples deformaciones. Son puntos de crecimiento. Lugares donde alguna vez hubo una hoja, una yema o la posibilidad de que naciera una nueva rama. Cuando la hoja cae, deja su cicatriz; la yema continúa creciendo y el tallo cambia ligeramente de dirección. Por eso muchas de estas ramas parecen avanzar casi en zigzag, acumulando pequeñas marcas en el camino.

Cada nudo es, literalmente, el registro de algo que pasó ahí.

Me gusta pensar que cada uno cuenta una historia, una especie de “decisión” que tomó el árbol: crecer hacia un lado, generar una nueva rama, abandonar otra posibilidad y seguir avanzando.

Y lo curioso es la escala. Esas pequeñas decisiones que puedo sostener entre los dedos pertenecieron a árboles inmensos. Sin embargo, cuando una de esas ramas cae al piso, pasa a convertirse en algo insignificante. Una más entre miles. Algo que barremos y tiramos sin siquiera mirarlo.